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miércoles, 11 de marzo de 2020

Las letras de Jordi


   El lunes pasado tuve la suerte de asistir al preestreno de Las letras de Jordi. Se trata de un hermoso documental que describe la vida cotidiana de un hombre con parálisis cerebral. Su directora es Maider Fernández, una joven cineasta que, sin ser religiosa, elabora una bella disertación sobre la fortaleza de la fe.




   Jordi es un hombre de 51 años que padece parálisis cerebral. Desde pequeño ha sido cuidado por sus padres, pero ahora que estos son mayores, él mismo ha decidido ser trasladado a una residencia. Allí conoce a la directora del film, Maider, con quien se comunica a través de un curioso método: una tabla con letras y números que él va señalando para formar palabras. En esta tesitura, Jordi le confiesa a Maider que de niño escuchó una voz que lo impulsó a ir a Lourdes, y que desde entonces, procura viajar allí cada año…




   Como hemos señalado, Maider no se considera una mujer creyente, pero sí se ha sentido fascinada desde siempre por el mundo de la religión. Es por ello que, habiendo decidido rodar un documental sobre Lourdes, tropezó con Jordi. Interesada, pues, por las razones que movían a este a visitar cada año el santuario francés, descubrió a un hombre que, a pesar de sus limitaciones, le transmitió una contagiosa alegría por vivir. Y así, cuando le preguntó sobre el origen de esa dicha, él le respondió que provenía de Dios.




   Pero no seamos ingenuos: la cinta no oculta las dificultades que debe afrontar Jordi cada día. Por el contrario, está rodada con un ritmo muy lento para hacernos partícipes de ellas. De este modo, tomamos conciencia del pausado proceso que debe llevar a cabo para formar una sola palabra…, y no digamos ya toda una frase (algo que nosotros hacemos habitualmente con suma rapidez y sin pensar). La propia directora ha querido dejar constancia de ello mostrando sus errores al interpretar el pensamiento de Jordi… y las frustraciones de este cuando no se siente comprendido.




   Sin embargo, gracias a este ritmo pausado, nos vamos adentrando en la vida íntima de Jordi, caracterizada por un diálogo constante con Dios. Y es que mientras que nosotros vivimos abrumados por la inmediatez y el caos, y ello nos conduce a apartarnos del trato con el Señor, él vive sujeto a una silla, sin prisas y envuelto por el silencio…, que es donde Dios se deja escuchar mejor. De esta manera, aunque veamos en él a un hombre enfermo, él ve que los enfermos somos nosotros, porque carecemos de su trato con Dios; y aunque lo compadezcamos, él nos compadece a nosotros, porque no hemos descubierto que la verdadera felicidad radica en el Señor.




   Por otro lado, la cinta es, aunque sin pretenderlo, un argumento muy oportuno contra el vacuo debate de nuestro tiempo: la eutanasia. Así es, pues mientras que nuestros políticos discuten acerca de la legalización de este asesinato encubierto, su retrato de Jordi nos demuestra que este está más vivo que ellos, muertos por una ideología abyecta. Y para convencerse de ello, tal vez deberían ser los primeros en ver su cara de felicidad cuando se entrevista con Maider o cuando se prepara para su ansiado viaje a Lourdes.




   Evidentemente, es la gran película de este fin de semana. Lejos de ser un vulgar largometraje de ficción como los que atestan nuestras carteleras, es un bello documental que nos describe una vida muy real. Y por ello, más allá de ser un film sin enjundia, es una profunda disertación sobre la fe y la alegría de vivir.