domingo, 23 de octubre de 2016

Westworld (Almas de metal)

   Hace unas semanas, la cadena HBO estrenaba Westworld (Almas de metal). La serie parte con un notable punto a su favor, pues está avalada por J.J. Abrams, cineasta que renovó el panorama televisivo actual mediante la recomendable Perdidos (Lost). Por este motivo, pretende convertirse en el éxito de esta temporada y recoger, así, el testigo legado por Juego de tronos, soap opera que ya está llegando a su fin. Aunque todavía es pronto para determinar si ha cumplido su objetivo, los primeros episodios han aunado los aplausos de la crítica y del público, por lo que aquel parece haber acertado de nuevo con este proyecto. Pero hoy no nos centraremos en la serie, sino que aprovecharemos su estreno para revisar los filmes en los que se basa: Almas de metal (Michael Crichton, 1973) y Mundo futuro (Richard T. Heffron, 1976). 




   El primero de ellos estaba dirigido por el malogrado novelista Michael Crichton, autor de libros tan conocidos como Esfera (1987) y Parque Jurásico (1990), pero también responsable de las cintas Coma y El primer gran asalto al tren (ambas, de 1978). En él, podíamos presenciar cómo un grupo de robots se sublevaba contra los visitantes de un parque temático, premisa en la que más tarde profundizaría mediante su relato protagonizado por los dinosaurios. Además, uno de esos androides se obsesionaba tanto con el protagonista del film, que lo perseguía a lo largo de todo el recinto con el propósito de asesinarlo.

   Es cierto que, como acontece con otras películas de ciencia-ficción contemporáneas a esta, el tiempo parece haber transcurrido notablemente sobre ella; sin duda, un espectador joven se reirá de los pobres efectos especiales que ostenta, o se sorprenderá ante determinadas escenas, que hoy provocan más hilaridad que reflexión (los levantamientos de los robots en el mundo medieval y en el Imperio romano parecen escenas respectivas de Los caballeros de la mesa cuadrada y sus locos seguidores y La vida de Brian). Pero continúa mostrando un interés inmarcesible, puesto que, en realidad, diserta sobre el temor del hombre a verse traicionado por el estado de bienestar que él mismo ha creado (además, siempre podemos recordar la cinta como la inmediata predecesora de la famosa Terminator, en la que un autómata también daba caza a un humano con el fin de matarlo).




   En el segundo film, veíamos que el parque volvía a abrir su puertas después de haber permanecido clausurado durante algunos años, como consecuencia del caos contemplado en el primero. Esta vez, a los conocidos mundos del Imperio romano, la Edad Media y el lejano Oeste, se le sumaba el mundo futuro del título; en él, los visitantes podían suponer que navegaban por las estrellas hacia la exploración y conquista de diversos planetas. Sin embargo, unos periodistas descubrían que todo ese mágico entramado no era más que una tapadera que escondía las oscuras intenciones de sus responsables: clonar a los gobernantes de las naciones para manejar estas a su antojo.

   Como vemos, en vez de repetir el aplaudido argumento de su antecesor, el filme se aventuró a relatar una historia distinta, decisión que hace de él un buen largometraje. No obstante, y como también le ocurre a la película de Crichton, esta segunda parte ha envejecido muy mal; concretamente, podemos comprobarlo en su diseño de producción, que se asemeja más a una parodia del futuro que a una recreación del mismo. Sin embargo, su planteamiento es hoy tan inquietante como entonces, puesto que valora la posibilidad de que nuestros gobernantes solo fueran peleles en manos de potentes multinacionales, las cuales los manejarían según sus propios intereses (quizás podamos encontrar aquí el precedente de otra película clásica del género fantástico: ¡Están vivos!).

   Por tanto, Westworld (Almas de metal) es la heredera de una aceptable e influyente saga de ciencia-ficción cinematográfica; en consecuencia, deberíamos prestarle nuestra atención, puesto que podría convertirse en el nuevo boom de esta temporada. Además, como señalábamos, cuenta con el mecenazgo de J.J. Abrams, quien ya ha demostrado su magistral capacidad para adaptar filmes clásicos a nuestro tiempo mediante sus dos entregas de Star Trek (2009 y 2013, respectivamente) y la última de Star Wars. Es posible que le resulte difícil desbancar de su puesto a Juego de tronos, ya que esta ha calado profundamente en la cultura popular, pero su incipiente éxito le augura una vida próspera en la pequeña pantalla.