martes, 20 de octubre de 2015

Marte (The Martian)


   Unos posts más abajo, reflexionaba brevemente sobre la visión cristiana de la vida y el sufrimiento; en las líneas que dediqué a La niebla, decía que el creyente afronta ambos factores con alegría, pues su fe en Dios le produce una confianza especial que le lleva a creer con firmeza que nunca se verá abandonado. Por azares fílmicos, resulta que esta semana tenemos en nuestros cines Marte (The Martian), una obra del irregular Ridley Scott (¿de verdad que aún no ha pedido perdón por su horrible Exodus: dioses y reyes?) que aborda con maestría este asunto, y que, por consiguiente, nos ofrece una acertadísima y positiva visión sobre la vida y la fe que no nos puede dejar impasibles.
 
 

   A continuación, spoilers.

   El film nos describe el modo en que procura sobrevivir un astronauta perdido en el Planeta Rojo, mientras que sus superiores bregan en la Tierra intentando dilucidar qué hacer con él. Posiblemente, otro en su lugar habría dado todo por perdido y se habría dejado morir, pero el aventurero en cuestión determina que las áridas planicies marcianas no serán su tumba, por lo que se las ingenia para cultivar patatas, comunicarse con la NASA y otros menesteres. Además, cuando sus compañeros de misión descubren que este sigue con vida, deciden acudir en su rescate, desacatando el mandato del centro espacial que coordina todos sus movimientos.

   Una escena del metraje aterroriza a los que quieren ver ataques al cristianismo en todas partes, pues el gran Matt Damon destroza un crucifijo para proporcionarse con su madera un fuego que le ayudará a sobrevivir; sin embargo, aquellos tales olvidan que, tras resolverse a ello, le espeta al Cristo que pende de él que confía en su auxilio. A partir de aquí, pues, da comienzo esa odisea que lleva a aquel a encarar toda dificultad con tal de continuar vivo, y aunque la presencia de Dios solamente se sugiere en determinados momentos, la citada escena nos recuerda que es su fe en Él la que lo está impulsando.

   Como ocurre en la vida ordinaria, muchos se oponen a mantener vivo al que ya se da por muerto, pero el espíritu de lucha y el horizonte de triunfo del interfecto hacen que todos se contagien y que quieran prestarle su ayuda y su oración. Eso ocurre en la Tierra cuando la humanidad descubre que aquel continúa con vida, y la ilusión por rescatar al que se creía perdido logra que se aúnen incluso países enemigos, como China y Estados Unidos. De este modo, el valiente astronauta se convierte para todos los hombres en un verdadero signo de esperanza, que les hace ver a todos que merece la pena vivir, aunque muchas veces la propia biografía se convierta en nuestro peor adversario.

   Es probable que el cineasta haya impreso este tinte ilusionante en su obra por la muerte de su hermano, el cual resolvió suicidarse al encontrar insoportable la enfermedad que lo atenazaba desde hacía años; tal vez haya querido gritarle póstumamente que vivir es la gran aventura de todo hombre, y que uno nunca debe perder la esperanza ante las dificultades que se le vayan presentando. Como decíamos al principio en relación a otro film, en el que el protagonista asesinaba a sus amigos para impedirles el sufrimiento, aquí el cine vuelve a enseñarnos que siempre hay una salida para el que tiene fe y mantiene viva su esperanza.