martes, 1 de diciembre de 2015

El milagro de Anna Sullivan

   Como en otras ocasiones, en el blog Reflexiones de un páter cinéfilo, publicamos el artículo de una lectora habitual. La película que analiza para nosotros es El milagro de Anna Sullivan, una pequeña obra maestra del año 1962. Espero que lo disfrutéis.
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   Hellen Keller sufrió una encefalitis sarampionosa a los pocos meses de vida, y, como secuela más importante, quedó sorda y ciega. Durante siete años, los padres la malcrían y la sobreprotegen, pero, cuando la situación se les escapa de las manos, deciden llamar a un colegio para ciegos llamado “Perkins”, para que le envíen a una maestra. La maestra se llamaba Anna Sullivan, y la actuación de ella fue determinante, necesaria e imprescindible para que Hellen llegara a ser una adulta de mente desarrollada, consciente, responsable y con un elevado nivel cultural. A los veintitantos años, Hellen Keller recibió el título de Doctor Honoris Causa por la Universidad de la Sorbona de París.
 

   Anna entrega su vida a la niña; ya no vive para ella, sino para Hellen. La ama tanto, que le enseña a sobrevivir en sociedad, a pesar de algunos obstáculos de los padres, que creen que su hija no llegará muy lejos y que no puede valerse por sí misma. Esto mismo ocurre hoy día con estos tipos de niños, niños distintos, que hacen lo que sus padres no esperan que haga, y no hacen lo que sus padres esperan que haga. Con un modelo como Anna y una entrega absoluta, los niños distintos pueden llegar a SER conscientes, construir pensamientos… Anna le enseña a Hellen a construir su propia personalidad, a hacer que su pupila tenga una identidad.

   Los padres ven en Hellen un problema que no saben solucionar, pero Anna ve a una niña falta de amor, porque el amor a tu hijo distinto no es hacerle las cosas porque el pobrecito no puede; el amor al niño distinto es amarlo tanto que le enseñes a vivir sin ti. La escena del comedor es mi preferida: Anna no permite que Hellen se salga con la suya. Si queremos que nuestros niños vivan en sociedad, deben cumplir unas normas y aprender ciertos hábitos y costumbres, como, por ejemplo, comer sentados con una servilleta en el regazo, empleando los cubiertos adecuados.
 
 

   Todo este camino no es nada fácil, pero con paciencia, perseverancia y amor se puede conseguir. ¿Cuánto tiempo pasó desde que llegó Anna Sullivan a la casa de los Keller, hasta que Hellen comenzó a comprender? No lo sé, pero seguro que mucho tiempo. ¡Qué alegría cuando la semilla que has plantado y regado florece! Aunque Anna lo hiciera muy bien, también tuvo momentos de dudas, de cómo continuar; pero su amor a Hellen era tan grande, que por ella seguía adelante. Antes de reeducar, guiar y armonizar al niño, debes tener fe en ti mismo; si no es así, tu pupilo difícilmente saldrá del nido. Si no tienes fe en nada, no puedes guiar a nadie.

   La actriz que interpretó a Hellen Keller  (Patty Duke) ganó un merecidísimo Óscar por este personaje y, además, es la madre de Sean Austin, que lo conoceréis mejor por haber interpretado a Samsagaz Gamyi, el amigo fiel de Frodo Bolsón. Sé que este blog es de cine, pero aprovecho para recomendar el libro La historia de mi vida, escrito por la propia Hellen Keller.
                                                                                                             María Pérez Chaves